Cómo (te) tratas ahora, es cómo estarás después

Los últimos días del curso volvimos a leer un cuento que siempre consigue removernos por dentro. Es uno de esos relatos que te obliga a parar y pensar. Es uno de los que se incluye dentro del libro “Cuentos para entender el mundo 3” de Eloy Moreno y que aquí os dejamos para que podáis leerlo con tranquilidad y detenimiento:

EL TAZÓN DE MADERA

Un hombre ya muy mayor, al ver que no podía valerse por sí mismo, decidió irse a vivir con la familia de su hijo.

Los años habían pasado y su vista estaba muy cansada, caminaba muy lentamente y en muchas ocasiones le temblaba todo el cuerpo.

Pero el gran problema venía cuando toda la familia se sentaba en la mesa, pues a él le costaba masticar y eso le obligaba a hacer mucho ruido cuando tenía la comida en la boca. Además, al coger los cubiertos con sus manos temblorosas muchas de las veces se le caían al suelo, tiraba la sopa o derramaba toda el agua del vaso.

El pobre hombre se sentía tan inútil… Sobre todo, cuando pensaba en lo fuerte y ágil que había sido de joven, en todas las cosas que había conseguido hacer. No le gustaba nada ser tan dependiente de los demás, pero no podía hacer otra cosa.

Un día, su nuera convenció a su marido de que no comiera con ellos.

– ¡Ya no lo soporto más! -le dijo-, siempre hay comida por el suelo, se moja la ropa, no deja de tirar cubiertos…, y, además, mastica tan lento que al final si decidimos esperarlo siempre llegamos tarde al trabajo.

Finalmente, tras las continuas quejas de su mujer, el hijo del anciano decidió ponerle una pequeña mesa en otro cuarto y comprarle un tazón de madera.

“Así -pensó- instalado en otra habitación podrá comer a su ritmo, y con el tazón de madera no pasará nada si se le cae al suelo, pues este no se romperá y no habrá que estar recogiendo trozos”.

De este modo, a los pocos días, el anciano comenzó a comer solo en el otro cuarto. Aunque él no hablaba, sus ojos lo decían todo, pues de vez en cuando miraba a su hijo y se le saltaban las lágrimas.

De hecho, a partir de aquel momento empezó a comer menos, no solo porque le costara más, sino por la tristeza de verse allí solo, apartado de su hijo, de su nuera y, sobre todo, de su nieto.

La familia intentaba mirar hacia otro lado, como si no pasara nada, y el único que de vez en cuando preguntaba por el abuelo era el nieto. En estos casos las respuestas eran todas muy prácticas: así está mejor, come a su ritmo, no se pone nervioso…

Fueron pasando las semanas hasta que un día los padres vieron que su hijo llevaba toda la tarde jugando con dos trozos de madera, los había estado modelando a base de golpearlos aquí y allí.

-Vaya, ¿qué es eso? -le preguntaron

-Esto es para vosotros.

-Ah, ¿sí?

-Sí, estos son los dos tazones donde vosotros comeréis cuando yo tenga mi familia y seáis mayores. Y así, yo estaré en el comedor y vosotros podréis estar en ese rincón donde ahora come el abuelo.

A partir de aquel momento volvieron a comer todos juntos.

Hay cuentos que no necesitan grandes explicaciones. Sus palabras, aunque sencillas, nos enfrentan a realidades complejas. Después de leerlo, cuesta no detenerse a pensar:
¿Qué imagen tenemos realmente de las personas mayores? ¿Cómo reaccionamos ante su fragilidad, su lentitud o su dependencia? ¿Qué tipo de envejecimiento estamos alimentando con nuestras actitudes diarias?

 

EL EDADISMO: ESA DISCRIMINACIÓN QUE CASI NO VEMOS

El cuento pone de manifiesto una forma de discriminación tan común que muchas veces ni siquiera la identificamos: el edadismo. No se trata solo de burlas o desprecio abierto hacia las personas mayores. El edadismo también está en los pequeños gestos del día a día: cuando se les aparta, cuando se les decide todo sin preguntar, cuando se les mira con impaciencia o desdén.

Desde una perspectiva social y cultural, esto se traduce en una escasa representación positiva de la vejez en los medios, en políticas que no siempre tienen en cuenta su voz, en espacios públicos que no están pensados para su participación activa.
Y en lo cotidiano, puede aparecer incluso en las familias, cuando se actúa con condescendencia, cuando se prioriza la comodidad del resto frente a la dignidad de quien envejece.

El cuento no señala culpables, pero sí nos pone frente a un espejo. ¿Qué aprendemos sobre la vejez desde pequeños? ¿Qué enseñamos sin darnos cuenta?

 

LA OTRA MIRADA: SER HOY EL MAYOR QUE QUEREMOS SER MAÑANA

Además de invitar a cuestionar cómo tratamos a las personas mayores, el relato también plantea una reflexión personal: ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos en un futuro? ¿Qué tipo de vejez deseamos construir?

Porque envejecer no es una etapa que llega, es un proceso que se construye. Y ahí es donde entra en juego el envejecimiento activo: participar, conectar, mantener proyectos, sentirse útil y valorado. Cuando las personas mayores están activas y presentes en su entorno, se desafía el estereotipo de la dependencia y la inutilidad. Pero esto no es solo responsabilidad suya, es tarea de toda la sociedad crear espacios donde puedan envejecer con sentido, dignidad y autonomía.

 

UNA INVITACIÓN A MIRAR DISTINTO

Y después de leer El tazón de madera y de toda esta reflexión que planteamos, “¿cómo vas a tratar a los mayores?” y “¿qué tipo de persona mayor quieres ser y quieres ver en tu entorno?” Desde Activa-Mentex, lo tenemos claro, apostamos por una vejez vivida con plenitud, con participación, con derechos. Porque el futuro que nos espera como sociedad también se mide por la forma en que cuidamos, integramos y valoramos a quienes nos abrieron el camino.

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