El mayor riesgo para la actividad mental no es olvidar

Cuando pensamos en actividad mental, casi siempre pensamos en la memoria. Recordar nombres, no olvidar una fecha, saber dónde hemos dejado las llaves, acordarnos de del nombre de una persona…

Y es lógico, durante años nos han hecho creer que cuidar la mente consiste, sobre todo, en evitar el olvido. Pero ¿y si el mayor riesgo para la actividad mental no fuera perder memoria, sino perder curiosidad?

En estas líneas vamos a ver QUÉ MANTIENE REALMENTE ACTIVA UNA MENTE.

 

LA ACTIVIDAD MENTAL ES MUCHO MÁS QUE LA MEMORIA

A menudo asociamos la estimulación cognitiva a ejercicios concretos: sopas de letras, crucigramas, juegos de memoria o aplicaciones para entrenar el cerebro.

Y aunque estas actividades pueden ser útiles, la actividad mental va mucho más allá. Porque nuestro cerebro también se activa cuando:

  • aprendemos algo diferente,
  • resolvemos un problema cotidiano,
  • mantenemos una conversación interesante,
  • conocemos personas diferentes,
  • descubrimos un lugar nuevo,
  • participamos en una actividad que nos ilusiona.

La mente no se mantiene activa solo recordando. También explorando, aprendiendo y participando.

 

LA SOLEDAD TAMBIÉN AFECTA A LA ACTIVIDAD MENTAL

Además, uno de los factores que más influye en nuestro bienestar mental tiene que ver con algo mucho más humano: las relaciones sociales. Conversar, compartir experiencias, sentirse parte de un grupo, tener espacios donde participar… Todo ello estimula habilidades cognitivas, emocionales y sociales al mismo tiempo. Por eso cuidar la actividad mental también implica cuidar los vínculos.

 

EL PELIGRO DE LA RUTINA

No podemos olvidarnos que pese a que las rutinas aportan seguridad y organización, cuando cada día es exactamente igual al anterior, nuestro cerebro recibe menos estímulos, menos novedades y menos oportunidades para adaptarse.

Y, no hace falta hacer cosas extraordinarias, a veces basta con: cambiar un recorrido habitual, probar una actividad diferente, leer sobre un tema desconocido, aprender una habilidad nueva, conocer personas con experiencias distintas…

Porque la novedad obliga al cerebro a trabajar y eso es una buena noticia. La neurociencia lleva años demostrando que el cerebro conserva capacidad de adaptación y aprendizaje a lo largo de toda la vida.

 

NUESTRO CEREBRO ESTÁ DISEÑADO PARA ADAPTARSE

Entre los neurocientíficos a esta capacidad la denominan neuroplasticidad, es decir, la posibilidad que tiene el cerebro de reorganizarse y seguir aprendiendo a partir de las experiencias que vivimos.

Cada vez que aprendemos algo nuevo, mantenemos una conversación estimulante, descubrimos una habilidad o afrontamos un reto diferente, se activan procesos de plasticidad sináptica, mediante los cuales las conexiones entre neuronas se fortalecen, se modifican o se reorganizan.

Además, cuando determinadas capacidades cambian con el paso de los años, el cerebro puede poner en marcha mecanismos compensatorios, utilizando otras estrategias o redes neuronales para seguir realizando una tarea de forma eficaz.

Dicho de forma sencilla: el cerebro no es una estructura estática. Es un órgano dinámico que continúa adaptándose a lo largo de toda la vida cuando le ofrecemos oportunidades para hacerlo.

Pero existe un matiz importante. Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro también está diseñado para optimizar recursos y ahorrar energía. Por eso, si no promovemos de forma consciente nuevos aprendizajes, retos, experiencias o relaciones sociales, tenderá a recurrir a las estrategias más conocidas, cómodas y automáticas. No porque sea «perezoso», sino porque la eficiencia ha sido una de las claves de nuestra supervivencia como especie.

Precisamente por eso mantener una vida activa a nivel cognitivo, social y emocional requiere algo más que capacidad. Requiere intención, curiosidad y participación. Porque la plasticidad cerebral existe, pero necesita estímulos y oportunidades para ponerse en marcha.

 

LA CURIOSIDAD ES UN GRAN ENTRENAMIENTO PARA EL CEREBRO

Aquí es donde entra en juego la curiosidad, porque además suele empezar de una forma mucho más sencilla de lo que imaginamos, basta con un “¿Qué puedo aprender hoy que ayer no sabía?”

La curiosidad nos impulsa a aprender, descubrir y cuestionar, nos obliga a prestar atención, a observar, a relacionar ideas y eso es una forma extraordinaria de estimulación cognitiva, porque el cerebro disfruta de los retos mucho más de lo que imaginamos.

 

ENTONCES… ¿CUÁL ES EL MAYOR RIESGO?

Pues quizá no sea olvidar una palabra, ni tardar un poco más en recordar un nombre… Quizá el mayor riesgo para la actividad mental sea: DEJAR DE participar, dejar de aprender, dejar de relacionarnos, dejar de sentir curiosidad, dejar de buscar experiencias que nos hagan pensar, emocionarnos o conectar con otras personas. Porque la actividad mental no consiste únicamente en ejercitar la memoria, consiste en seguir involucrándonos en la vida.

 

SEGUIR PARTICIPANDO TAMBIÉN ES CUIDAR LA MENTE

En Activamentex lo tenemos muy claro: entendemos la actividad mental como algo mucho más amplio que un ejercicio cognitivo, creemos en el aprendizaje continuo, en la participación social, en los retos adaptados, en las experiencias compartidas y, en la capacidad que tenemos para seguir creciendo, aprendiendo y descubriendo cosas nuevas a cualquier edad.

Porque cuidar la mente no consiste solo en recordar más, consiste en seguir teniendo motivos para pensar, aprender, participar y disfrutar. En definitiva: sumando vida a los años y no años a la vida.

 

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