¿QUÉ LE PASA A TU CEREBRO CUANDO LLEGAN LAS VACACIONES?
Son casi las diez de la noche. La plaza del pueblo sigue llena. Alguien saca unas sillas a la puerta de casa. Un grupo de niños corre de un lado a otro mientras los mayores conversan sin mirar la hora. Mañana tampoco habrá que madrugar. Y, sin darnos cuenta, sentimos que algo cambia.
Hay algo que suele ocurrir cuando llega este mes del año, sin apenas darnos cuenta, cambiamos el ritmo… Las agendas se vacían un poco, los horarios dejan de ser tan estrictos y aparecen momentos que durante el resto del año cuesta encontrar.
Hay quien vuelve al pueblo.
Quien recibe a la familia en casa.
Quien disfruta de las fiestas patronales.
Quien recupera una afición olvidada.
Quien simplemente encuentra tiempo para salir a caminar cuando cae la tarde o sentarse a conversar sin mirar constantemente el reloj.
Y, cuando pasan unos días, muchos terminamos diciendo lo mismo: «Qué bien me ha venido desconectar.»
¿Pero, alguna vez te has preguntado por qué nos sentimos así? La respuesta tiene mucho que ver con cómo funciona nuestro cerebro.
NUESTRO CEREBRO TAMBIÉN NECESITA SALIR DEL PILOTO AUTOMÁTICO
Las rutinas son importantes, nos ayudan a organizarnos, a tomar decisiones con menos esfuerzo y a afrontar el día a día de forma eficiente.
De hecho, nuestro cerebro busca constantemente ahorrar energía. Automatiza tareas, crea hábitos y recurre a caminos conocidos porque, desde un punto de vista evolutivo, esa eficiencia ha sido una ventaja para nuestra supervivencia.
Pero cuando todo ocurre siempre igual, también disminuyen las oportunidades para sorprendernos, prestar atención o aprender algo diferente. Y ahí es donde romper la rutina cobra un valor que muchas veces pasamos por alto.
NO HACEN FALTA GRANDES CAMBIOS PARA QUE EL CEREBRO SE ACTIVE
Existe la idea de que para vivir experiencias nuevas e incluso para tener unas buenas vacaciones hay que hacer un gran viaje o cambiar completamente de vida. Sin embargo, la realidad suele ser mucho más sencilla: aprender una receta diferente, hacer el camino de vuelta por un lugar por donde no solemos pasar, participar en las fiestas de nuestra localidad, recuperar una afición, aceptar una invitación, compartir una sobremesa sin prisas o escuchar con calma la historia de alguien. Son pequeños cambios que tienen algo en común: OBLIGAN AL CEREBRO A PRESTAR ATENCIÓN Y ESO YA SUPONE UNA DIFERENCIA.
LA NEUROCIENCIA EXPLICA POR QUÉ OCURRE
La capacidad que tiene el cerebro para adaptarse y seguir aprendiendo recibe el nombre de neuroplasticidad. Gracias a ella, cada experiencia nueva puede fortalecer, reorganizar o crear conexiones entre neuronas mediante un proceso conocido como plasticidad sináptica.
Dicho de una forma sencilla: el cerebro cambia con aquello que vivimos. No únicamente cuando estudiamos o hacemos ejercicios cognitivos, participamos en cursos o asistimos a talleres, también cuando descubrimos un lugar, resolvemos una situación diferente, aprendemos una habilidad o mantenemos una conversación que nos hace pensar. Por eso las experiencias nuevas siguen siendo importantes a cualquier edad.
Porque cada pequeño cambio también es una oportunidad para que el cerebro siga adaptándose.
Por eso, esas pequeñas experiencias que aparecen con más frecuencia durante las vacaciones también son una oportunidad muy valiosa que merece la pena aprovechar.
LAS MEJORES EXPERIENCIAS CASI NUNCA SON LAS MÁS CARAS
Con el paso del tiempo solemos recordar mucho más una conversación que un hotel o una sobremesa que una fotografía… Las risas compartidas durante unas fiestas, el paseo con alguien especial, la receta que nos enseñó un familiar, el reencuentro con una amistad o esa tarde en la que, sin planearlo, terminamos hablando durante horas… Porque lo que permanece no suele ser el lugar, son las emociones que vivimos en él. Y, precisamente, esas emociones ayudan a reforzar nuestra memoria, nuestra identidad y nuestra conexión con los demás.
EN ACTIVAMENTEX CREEMOS EN UNA ACTIVIDAD MENTAL QUE SE VIVE
Por eso cuando nosotras hablamos de promoción de la actividad mental no pensamos únicamente en ejercicios, actividades, cursos o talleres, pensamos en personas que siguen teniendo curiosidad, que continúan aprendiendo, que participan en su comunidad, que descubren intereses nuevos, que mantienen relaciones significativas y que encuentran motivos para seguir implicándose en la vida.
Porque entendemos la longevidad desde una mirada amplia. Recuerda: No se trata solo de vivir más años… Se trata de que esos años sigan estando llenos de vida.
Y CUANDO LLEGUE SEPTIEMBRE ¿QUÉ TE GUSTARÍA CONSERVAR?
Pero también hay otra cosa que todos sabemos y es que dentro de unas semanas volverán los horarios, las obligaciones y muchas de las rutinas habituales… Y eso también forma parte de la vida.
Pero quizá haya algo que no deberíamos dejar atrás cuando termine el verano… Quizá podamos conservar el paseo que tanto nos ha gustado, la costumbre de llamar a ese amigo con el que hacía tiempo que no hablábamos, las sobremesas sin prisas, la curiosidad por aprender algo nuevo o el hábito de reservar tiempo para nosotros y para quienes nos rodean. Porque las vacaciones duran unas semanas, LOS HÁBITOS, EN CAMBIO, PUEDEN ACOMPAÑARNOS TODO EL AÑO.
Y es precisamente ahí donde se construye una longevidad activa, no en hacer grandes cambios de vez en cuando. Porque cuidar la actividad mental no empieza en septiembre, empieza cada vez que decidimos salir del piloto automático y volver a participar, descubrir y disfrutar de la vida.
